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sábado, enero 22, 2022

Honduras: otra lección de democracia

Por Gunnar Vargas

Lic. en Comunicación Social, experto en temas electorales y democracia.

Las recientes elecciones en el país centroamericano son otra lección de valentía frente a la imposición política violenta, la proscripción como estrategia y el engaño como táctica electoral y mediática. La preceden un golpe militar y dos golpes electorales, ambos violentos, ambos proscriptores de oponentes políticos.

Si recordamos y comparamos hechos históricos del continente, nos encontramos con sucesos cuya similaridad pasa el límite de la simple coincidencia: las dictaduras militares de los 60, 70 y 80, las llamadas medidas de ajuste estructural (neoliberales) de los 80 y 90 del siglo pasado y los golpes blandos y no tan blandos de las primeras décadas del siglo XXI.

Estas secuencias históricas que parecieran cinematográficas tienen libretos previamente trabajados, pero no Hollywood y sus famosas productoras, sino en Washington y sus famosas agencias con llamativos nombres relacionados con el desarrollo, derechos humanos, democracia, pero que su práctica ha demostrado que el propósito que tienen es todo lo contrario, puesto que fueron y son parte de procesos políticos, únicamente destinados a mantener el establishment hegemónico mundial, ahora en crisis.

En Honduras el 2009, mediante operativos militares se depone a Juan Manuel Zelaya y se lo obliga a trasladarse a San José de Costa Rica, se impone presidente de facto con el propósito de llamar a otras elecciones que se realizan el 2013 con serias observaciones por parte de los propios ciudadanos y las misiones de observación electoral (que a diferencia de otros países no son utilizadas para anularlas) y ante cuyos reclamos la respuesta “democrática” es la represión violenta, imponiéndose similar táctica el 2017.

El 2021 la violencia política nuevamente fue protagonista de la campaña, sin embargo, el pueblo hondureño dio la misma cátedra democrática, que nunca se cansó de dar especialmente desde el golpe, pero esta vez de manera más contundente, imponiéndose ante las imposturas, viviendo la democracia ante los intentos de matarla a golpes y sobre todo poniéndose la camiseta democrática ante los intentos de proscripción.

Solo de esta manera se ha podido solventar la crisis de legitimidad y confianza carcomidas por los tres procesos políticos anteriores, que pusieron en situación agónica al sistema de partidos, a las instituciones electorales y al conjuntode instituciones que hacen a la democracia representativa, pero sobre la que aún subsisten sentimientos muy enraizados de desencanto e incomodidad por las últimas experiencias.

No importa tanto quién haya ganado en Honduras, lo relevante es que la voluntad del soberano haya ganado y esta vez bien; que se recobre la legitimidad de su gobierno y que se vaya fortaleciendo la institucionalidad de su Estado, con la esperanza de que nunca más sea atacada por intereses antidemocráticos y con la seguridad de que existe un pueblo con la decisión de defenderla y seguir con la pedagogía cotidiana de aprender y enseñar democracia hacia dentro y hacia afuera de su país, aun a pesar de los intentos del permanente ataque a estas formas de práctica ciudadana.

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