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sábado, enero 22, 2022

Medios, libertad, poder y dinero

Por Óscar Silva Flores

 Periodista y abogado


Alguna vez hemos preguntado cuál es el negocio de los medios comerciales de comunicación. Adonde apuntan sus inversiones en tecnología, infraestructura, sueldos atractivos para directores y estrellas y cómo se generan las enormes utilidades para sus dueños. ¿Qué relación tienen estos con la libertad de informar, con el poder y el dinero?

De inmediato me surge otra duda. Estos señores, dueños de los grandes medios de comunicación, serán unas personas de buen corazón que en lugar de invertir en sectores que les podrían reportar millonarias ganancias, como la banca, la construcción, la minería u otras, prefieren ponen su dinero en los medios de comunicación, en los que no van a tener utilidades.

Hace unos días la Asociación Nacional de la Prensa (ANP), tras una dramática descripción de su situación económica, pidió ayuda al gobierno para superar esta “crítica” situación. La ANP agrupa a un buen número de periódicos y revistas autodenominados independientes y cuya filiación ideológica es por todos conocida.

Desde siempre estos empresarios se llenaron la boca con la frase de “prensa independiente”. ¿Independencia de qué o de quiénes? ¿Independientes del Gobierno? ¿De todos los gobiernos o solo de algunos? Vamos a suponer que esa independencia está relacionada con su economía y que, por lo tanto, como tienen independencia económica no reciben presiones de ningún lado, pueden investigar y publicar lo que mejor les parece, sin admitir sugerencias o imposiciones de nadie (solo es una suposición).

También reclaman para sí denominarse “prensa libre”. Vamos a entender, partiendo de la independencia antes señalada, que se refieren a que tienen plena libertad para realizar su trabajo. Esta libertad siempre la han acompañado con una permanente resistencia a cualquier normativa regulatoria de parte del Estado, aferrándose a una ley que tiene 95 años de existencia y que prácticamente nunca tuvo efectiva vigencia.

La torta publicitaria que sostiene a los medios de comunicación privados, está constituida cuando menos en un 80% por recursos del Estado; es decir, los medios comerciales viven del Estado, pues sus otros ingresos por publicidad privada o por la venta de periódicos o revistas es marginal.

Entonces, independientes precisamente no son, por lo menos en lo económico. Ojo que cuando nos referimos a recursos estatales no solo hablamos de los del Ministerio de Comunicación, sino de todas las entidades públicas, nacionales, subnacionales y municipales, además de descentralizadas, autónomas, autárquicas y de otra índole. No sabemos si al margen de estos ingresos formales y legales, por concepto de publicidad, estos medios reciben alguna forma de financiamiento no declarado de entidades nacionales o extranjeras.

Resulta llamativo que ahora, abstrayendo temporalmente su independencia, pidan al Gobierno un apoyo económico. Por lógica consecuencia, todos los empresarios tendrían el mismo derecho de realizar similares pedidos. Claro está que la pretensión no corresponde, bajo ningún argumento, a no ser que se esté reclamando al gobierno transitorio el pago de favores o servicios prestados que no pueden ser facturados.

Hay varios aspectos que habría que analizar en el comportamiento de la mayor parte de los medios que se agrupan en la ANP. Bajos sueldos e inestabilidad para sus trabajadores de prensa, gráficos y administrativos; incumplimiento de obligaciones tributarias y sociales, así como su participación empresarial en otros sectores de la actividad económica que ponen en duda su independencia y libertad.


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