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sábado, enero 22, 2022

Depresión en niños y adolescentes una realidad cuya prevalencia va en aumento

Si tu niño está constantemente irritable, “enojado”, “ojos tristes”, sin energía ni interés en sus juegos y amigos, puede estar sufriendo de depresión.

La depresión es uno de los trastornos mentales más frecuentes. Se estima que afecta al 3,5 % de los adolescentes en América Latina.

El desconocimiento sobre la depresión en la infancia y adolescencia y la falta de comunicación abierta sobre este tema hace que la gente joven que necesita tratamiento o sus familias no busque ayuda.

La depresión es mucho más que estar bajo de ánimo. Aunque la mayoría de nosotros experimenta tristeza de vez en cuando, en algunas personas estos sentimientos no desaparecen y se acompañan de otros síntomas que provocan malestar o dificultades para desarrollar su vida cotidiana.

Esto interfiere en la capacidad de pensar, aprender y desarrollarse social y académicamente. Estas personas pueden tener la enfermedad denominada depresión.

Los síntomas de la depresión pueden variar de un niño a otro. Los fundamentales son: ánimo bajo, sentimiento de tristeza la mayor parte del tiempo o sentimiento de desesperanza.

Pérdida de interés en las actividades con las que antes disfrutaba, como jugar con sus juguetes favoritos o con sus amigos, ahora quiere estar solo y se aburre.

Para un niño la depresión puede hacer que la tarea más pequeña parezca escalar una gran montaña.

Es más frecuente que el niño o adolescente se encuentre irritable que triste o sin energía. Además, es más probable que acuda a la consulta por molestias físicas (somatización, alteración del apetito) o disminución del rendimiento escolar.

También es probable que la depresión coincida con los cambios de carácter y conducta recientes en los adolescentes, como mayor rebeldía, desobediencia, inicio de consumo de drogas, alcohol y otras conductas de riesgo.

Si un adolescente piensa que puede estar deprimido, tiene que solicitar ayuda lo antes posible, no tiene por qué enfrentar solo esta enfermedad.

Debe hablar con alguien de su confianza sobre sus sentimientos, por ejemplo, con sus padres, otro familiar, un amigo o profesor.

Además, tiene que buscar a un médico o un psicólogo, así podrá recibir un diagnóstico adecuado, conocer las opciones de tratamiento y participar en la toma de decisiones respecto al problema.

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